Tulia

Hay una historia que se cuenta todos los fines de año. En esa historia siempre hay una Tulia que sirve gaseosa en un hotel lleno de bogotanos, brasileños y otros tantos igual de ostinados y siempre hay un Jhon que ese día se “sacó la ñapa”: le toca patrullar la noche del 31 en la Ciudad Amurallada.

Tulia desearía tener a Jhon en sus brazos, pero… ¡ah qué la suerte es bizca! y pues, no será.

Tulia va y se esconde a hablar con Jhon. A Jhon le bajan unas gotas grandes de los ojos. “Epa Jhon, que yo te amo y mañana nos vemos”.

Jhon llora desde lo profundo y eso no estaba en ninguna clase de la Policía Nacional, pasa que a él eso de los sentimientos se le da.

“Epa Tulia, que tu no esta’ de vacación”. Tulia cuelga desde su escondite y se reincorpora a servir Postobón y Colombiana.

A ella lo de los sentimientos se le da demorado. ¡Qué tristeza!… Otro año nuevo sin Jhon, otro día sin esos brazos curtidos por el sol, sin esa generosa y enorme sonrisa blanca en la que descansan sus sueños.

Como una autómata camina entregando gaseosa hasta que un golpe de realidad, como La Gota Fría de Carlos Vives que suena por la orquesta hace que se reincorpore: Una torpeza de su bandeja y adiós al vestido blanco de la brasileña. A veces no hay nada más frío que la realidad… y un vaso de gaseosa lleno de hielo derramado en la espalda.

Tulia, de vuelta a tierra, sin dejar de recordar las lágrimas de Jhon se acerca a una pareja de viejitos encantadores. Ellos quieren que les ayuden con los cotillones. Ella solo se imagina en lugar de ellos.

“Año nuevo, vida nueva, más salud y prosperidad” canta un costeño con pasos ensayados de merengue mientras Tulia se consuela en que ya hoy es 2023 y esa tristeza pasará pronto… porque al final en 9 meses todo será diferente.


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